Autor: Jos茅 Luis Vilanova Pe帽a
A ra铆z de la final del Mundial han reaparecido en las redes algunos mensajes de argentinos que aseguran no sentirse latinoamericanos, sino europeos. Para demostrarlo recurren casi siempre a su ascendencia italiana, como si la europeidad de Argentina hubiese llegado en los barcos procedentes de G茅nova o N谩poles y Espa帽a perteneciese a una historia diferente.
Pero Europa hab铆a llegado mucho antes. Y hab铆a llegado hablando espa帽ol.
Espa帽a aport贸 la lengua, levant贸 las ciudades, organiz贸 el territorio, cre贸 instituciones, fund贸 universidades y form贸 la sociedad de la que posteriormente surgir铆a la naci贸n argentina. Antes de que comenzara la gran inmigraci贸n italiana, Argentina ya ten铆a una ra铆z europea perfectamente definida: era hisp谩nica.
Cuando desembarc贸 el grueso de los italianos, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, el pa铆s ya exist铆a. Ten铆a Gobierno, Ej茅rcito, leyes, universidades, grandes propiedades y una clase dirigente consolidada. Esa clase estaba formada principalmente por criollos: americanos nacidos all铆, pero hijos y descendientes de espa帽oles.
Basta recorrer el cementerio de la Recoleta, leer los nombres de las calles de Buenos Aires o repasar los apellidos de sus pr贸ceres, presidentes y familias tradicionales: San Mart铆n, Saavedra, Moreno, Rivadavia, Rodr铆guez Pe帽a, Balcarce, Dorrego, Rosas, Anchorena, 脕lzaga, Mart铆nez de Hoz o Unzu茅. El antiguo patriciado argentino, aquello que com煤nmente llamar铆amos su aristocracia, era esencialmente criollo y de ascendencia espa帽ola.
Dicho claramente: los europeos que hab铆an organizado el pa铆s, acumulado las grandes propiedades y ocupado los lugares m谩s elevados de aquella sociedad eran espa帽oles o descendientes de espa帽oles. Quien quiera hablar de antig眉edad, abolengo o pertenencia a las familias que durante generaciones cortaron el bacalao en Argentina tendr谩 que mirar principalmente hacia Espa帽a.
Fueron tambi茅n aquellas 茅lites criollas de ra铆z hisp谩nica las que dirigieron la expansi贸n territorial, ganadera y agroexportadora que convirti贸 Argentina en una tierra de oportunidades. La prosperidad que atrajo a millones de europeos no hab铆a surgido de la nada. Cuando comenz贸 la llegada masiva de italianos, Argentina ofrec铆a ya una riqueza, una estructura productiva y unas posibilidades de ascenso que la Italia de la que escapaban no pod铆a proporcionarles.
La inmigraci贸n italiana pertenece, por tanto, a una historia posterior y muy diferente. Fue una emigraci贸n masiva, econ贸mica y mayoritariamente pobre. Campesinos, jornaleros, artesanos y obreros abandonaron una Italia empobrecida buscando una vida mejor. Llegaron con poco y ocuparon, como ocurre con las grandes migraciones necesitadas, los escalones inferiores del mercado laboral: los puertos, los talleres, las f谩bricas, la construcci贸n, el campo, el servicio y el peque帽o comercio.
Su m茅rito fue precisamente ese: llegar desde abajo, trabajar, prosperar y contribuir de manera extraordinaria a transformar la Argentina moderna. Pero no llegaron como arist贸cratas ni como fundadores de una naci贸n inexistente. Llegaron como inmigrantes humildes a un pa铆s ya constituido, cuya lengua, instituciones, 茅lite y ra铆z cultural eran europeas porque eran espa帽olas.
Hay, adem谩s, una iron铆a hist贸rica. Muchos proced铆an del sur de una pen铆nsula que apenas llevaba unas d茅cadas unificada. N谩poles y Sicilia hab铆an permanecido durante siglos vinculados a las coronas hisp谩nicas. Antes de que existiera Italia como Estado, una parte considerable de su sur hab铆a compartido durante generaciones la historia pol铆tica de Espa帽a.
La realidad actual tampoco sostiene la caricatura de una Argentina esencialmente italiana que habla espa帽ol por accidente. Sus apellidos m谩s frecuentes —Gonz谩lez, Rodr铆guez, G贸mez, Fern谩ndez, L贸pez, Mart铆nez, D铆az, P茅rez, S谩nchez o Romero— son espa帽oles. La huella hisp谩nica no se limita a los mausoleos de la Recoleta ni a las grandes familias tradicionales: atraviesa el conjunto de la sociedad argentina.
Resulta tambi茅n llamativo que algunos invoquen Italia para dejar de considerarse latinoamericanos. La palabra latino procede del Lacio, la regi贸n italiana donde naci贸 el lat铆n. Quien pretende escapar de lo latino refugi谩ndose en su origen italiano toma justamente el camino contrario: si alg煤n pa铆s est谩 en el origen literal de la latinidad, ese pa铆s es Italia.
Los argentinos tienen todos los motivos para sentirse orgullosos de sus antepasados italianos. Lo que carece de sentido es utilizar esa ascendencia para diferenciarse de sus hermanos hispanoamericanos o para presentarse como m谩s europeos que quienes reivindican Espa帽a.
Porque Europa no lleg贸 a Argentina con la inmigraci贸n italiana pobre de finales del siglo XIX. Hab铆a llegado siglos antes, hab铆a levantado sus primeras ciudades, formado sus clases dirigentes y dejado su lengua, sus instituciones y sus apellidos.
Europa lleg贸 a Argentina hablando espa帽ol. Italia lleg贸 despu茅s, atra铆da por la prosperidad de una naci贸n levantada sobre ra铆ces hisp谩nicas.
